Bienvenido Filippo


Gracias a las técnicas de fecundación in vitro y las leyes de California, Franco y Javier concretaron su gran anhelo: tener un hijo. Después de estar en lista de espera por años para adoptar e intentar sin suerte hacerse cargo de un chico huérfano extranjero, el camino más simple fue la gestación subrogada. Hoy, el amor que le tienen a Filippo desborda a estos dos papás.


Hace pocos días celebraron el primer cumpleaños de Filippo. Pensaron que iba a ser una reunión íntima, pero se sumaron un invitado, otro y así la lista se les fue a ¡noventa! Franco (40) y Javier (43) recuerdan risueños el festejo que se convirtió en todo un evento. Quedaron agotados, pero felices de celebrar con sus amigos y familia un sueño tan anhelado y, finalmente, cumplido: ser padres.

Franco y Javier están juntos desde hace tres años. Antes de conocerse, los dos tenían el mismo deseo de tener un hijo. Lo primero que se planteó Javier fue la adopción en la Argentina. Hizo los trámites eternos y complejos, y luego esperó, esperó y esperó. Nada. Franco había averiguado sobre la posibilidad de adoptar a algún huérfano de Haití. Pero las leyes de ese país se lo impiden a hombres solos o parejas homosexuales.


 

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Viajar a los Estados Unidos fue más rápido y sencillo. Gracias a las técnicas de fecundación in vitro y las leyes de California, hoy son los padres biológicos de Filippo. Comparten conjuntamente la experiencia. Les extraña que se les pregunte si se ven obligados a hacer a veces el rol de madre. “Somos sus padres y lo atendemos como eso”, explica Franco mientras alza a Filippo, que quiere manotear un control remoto.

Javier es contador. Franco, director creativo. Trabajaba en una agencia de publicidad y ahora que es papá, para estar más tiempo en casa, cambió de trabajo. Maneja la agencia de publicidad de un laboratorio, porque le consume menos horas que el anterior. “Quería dedicarle más tiempo a Filippo”. Los tres viven en un departamento, en Palermo.


 

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“Estamos bien organizados y tenemos dos niñeras que nos ayudan. Como yo soy el que llega a casa primero de los dos, entonces, juego o hago algo recreativo. Después llega Javi y seguimos con el juego. Ahí preparo la comida, luego le da de comer Javi y después lo baña. Mientras hago la comida para nosotros dos y preparo el pijama para Filippo. Mamadera y a la cama. Desde hace poco, a veces, comparte alguna comida con nosotros”, detalla Franco.

En medio de la charla, aparece Filippo y los dos papás se derriten. Manotea un celular e improvisa un “¡Hola!”. ¿Ya camina? “Agarrado de un dedo nuestro”, sintetiza Javier. Filippo tiene cara de nene travieso, esa misma mirada de ojos caídos de su papá Javier, y los tonos claros de su papá Franco.


 

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La madre biológica de Filippo es una donante de óvulos, y como el esperma lo aportó Javier fue Franco el encargado de seleccionarla. Así, decenas de fichas pasaron ante sus ojos. En ellas se describía el fenotipo de la donante (color de ojos, de pelo o tono de la piel) y detalles como su formación, su trabajo o sus inquietudes. “Fran se ocupó de elegir los rasgos genéticos. Ese fue su aporte. Yo quería que fuera más latino. Pero allá están las rubias o las afroamericanas. No hay punto medio. Para convencerme, Fran me dijo: «Como sos vos, va a salir una mezcla», y salió rubio y de ojos claros”, confiesa Javier en medio de risas.

Después, tocaba un paso más difícil: conocer a la gestante. Fue una segunda mujer californiana, Heather. “Ahora es parte de la familia —admiten los papás de Filippo—. Por medio del WhatsApp y Skype nos comunicamos todo el tiempo. Ella tiene 40 años y cuatro hijos. Como se casó muy joven, tiene hijos adolescentes. Ellos son cristianos. Y no le cambia la vida la plata que cobran, lo hacen para ayudar”.


 

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Para ser gestante en los Estados Unidos hay que cumplir una serie de requisitos. El primero, tener menos de 38 años; el segundo, haber sido madre; el tercero, no querer serlo más y, por último, no tener problemas económicos.

El 17 de febrero de 2016 nació Filippo. “El 15 viajamos allá. Ya estábamos en fecha y lo indujeron. Nosotros pudimos estar en el parto. Heather pidió un parto natural. A las 8 de la mañana se internó, y Filippo nació diez y media de la noche. Estuvimos todo el día con ella”, recuerda Javier. Tres semanas después del parto, se despidieron de Heather y su familia, y los tres se embarcaron en un avión rumbo a Buenos Aires. “Fue relinda la experiencia. Muy humana. Hasta con el obstetra tuvimos una buena relación. Nosotros volvimos a los seis meses. Queríamos ir y estar en contacto con Heather y sus hijas. En la medida que podamos, lo vamos a seguir haciendo”, describe Javier.

Alrededor de la gestación subrogada se mueve todo un ecosistema de abogados, médicos, psicólogos y agencias que guían a los implicados en el proceso. Una maquinaria médica y legal tan bien engrasada que convirtió a California en el destino ideal para tener hijos por este método. “Nos conectamos con una agencia de San Diego, y ellos nos apoyaron en todo momento y estuvimos supercontenidos en todo el proceso”, se sincera Franco.


 

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Formar una familia

El deseo de paternidad a Javier le surgió cuando fue tío. Se sintió frustrado cuando pasaban los años y la adopción no se concretaba. Había perdido las esperanzas, hasta que un día apareció esta alternativa que, en principio, le sonaba a ciencia ficción o tema de celebridades. Ricky Martín, Miguel Bosé, Elton John, Sara Jessica Parker, Cristiano Ronaldo, Nicole Kidman. “Tenía la idea de que la subrogación era un delirio, para gente excéntrica o para famosos. También que era algo inaccesible absolutamente. Entonces no lo tenía como una posibilidad viable. Una vez leí algo al pasar en Internet, y ahí barajé la posibilidad de averiguar. Por casualidad, di con una consultora que hay acá en la Argentina que es una chica abogada y trabaja con una socia en los Estados Unidos. Ella tenía un problema en el útero, no podía tener hijos y ahora tiene dos nenes con su marido a través de subrogación. Ver de cerca un caso de alguien que lo había hecho me dio confianza”, admite Javier.

La aventura de la paternidad se inició con esas primeras averiguaciones. “Sentí el llamado, algo que me llevó a hacerlo sí o sí. Entonces, vendí el departamento que tenía. Y en ese momento conocí a Franco”, relata Javier. Después de un año y algunos viajes a Los Ángeles, la pareja recibió la primera ecografía del que sería su hijo.

¿La paternidad era lo que imaginaban? “Es tan intenso lo que pasa que no sé si uno se imagina todo esto. El famoso «te cambia la vida» ocurre. Es hermoso, descubrís algo nuevo de la vida y volvés a revivir cosas que te pasaron cuando eras chico. Y es reloco porque todo este año pasó rápido, pero con una intensidad que nunca había experimentado. Salvo cuando estamos en el trabajo, todo nuestro tiempo se lo dedicamos a Filippo”, agrega Javier.

Al rato vuelve a irrumpir el torbellino Filippo. Pide upa. Tiene papitis, aseguran los dos. “Antes se quedaba con cualquiera, ahora quiere solo con nosotros dos”, admite Franco. Los tres sonríen. Se abrazan. Son una familia feliz.


Por: Ana Pere VignauFotos: Victoria Schiopetto

 

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