Diego Mohadeb en familia

 


El director de Marketing y Retail de Alpargatas, un profesional exitoso y verdadero amante del arte pop y de los placeres de la vida, nos abrió las puertas de su casa. En una charla íntima, nos adentramos en su microclima familiar, sus pasiones y en cómo llegó a ser un economista creativo.


 

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Se despierta a las 7, desayuna y así le roba algo de tiempo a su mañana, antes de irse a trabajar. Algunas veces se ejercita nadando, otras elige usar ese tiempo extra para llevar a sus hijos a la escuela. Lo que sigue, ya en su oficina, son unas diez o más reuniones diarias en su agitada agenda laboral. Es normal que, con ese ritmo, diga que siempre le falta tiempo. “Durante el día, estoy muy ocupado, pero cuando vuelvo a mi casa, cenamos en familia, charlamos de los que nos pasó en el día, jugamos al ping-pong o vemos dos capítulos de alguna serie y, recién ahí, nos vamos a dormir”. Y dice que ese ritmo full time cambia los fines de semana cuando llevan a Luqui, de 10 años, a jugar básquet y aprovechan para hacer actividades todos juntos en el club. Los sábados por la noche, disfruta el tiempo con Natalia, su mujer, con quien se distiende en salidas con amigos


 

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Esta es la vida de Diego Mohadeb, un economista de 44 años que supo trazar los caminos de su carrera hasta encontrarse con lo que realmente lo apasionaba. “Siempre pensé que iba a ser economista de pura raza. Durante la carrera, trabajé en una financiera y ya en cuarto año entré a la empresa Unilever. Recuerdo que fue en el Departamento de Economía, que dependía del contador general Raúl Vagliente, y que también trabajé con el presidente de la compañía, Luis Mario Castro. Ambos me enseñaron mucho de lo que hoy sé. Fueron años maravillosos, que me formaron en el ámbito de las finanzas”.


 

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Y en ese camino, como quien no quiere la cosa, un día decidió probar algo diferente. “Me recomendaron pasar a Marketing, que, para mí, era un sacrilegio. Los de Marketing solo pensaban en colores y en cómo gastar la plata de la empresa, creía yo. Pero terminé en la categoría pelo haciendo finanzas en Marketing, hasta que de a poco me fui entusiasmando con la creatividad, la innovación y el desarrollo de producto. Tomé el liderazgo de la categoría Hair y Skin Cleansing para el Cono Sur y fueron años increíbles. En Unilever fluía la creatividad, la gente inteligente y mucho entusiasmo. Viví la experiencia de trabajar para la Argentina en 2001 y 2002, y quien vivió eso puede hacer cualquier cosa”, reflexiona.“Hoy estoy feliz en Alpargatas. Tengo un equipo maravilloso, que se formó con gente que tiene más de 15 años en la empresa y con talentos nuevos, y que está haciendo magia. Son unas fieras que no le temen a nada y están siempre al pie del cañón”, cuenta, emocionado.


 

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Universo personal
Está muy bien eso de ser bueno en lo que hacés y que tu carrera te apasione, todos aspiramos a eso en la vida, pero también sabemos que la felicidad no tiene fórmulas absolutas y que, sí o sí, se necesita cultivar muchos otros aspectos de nosotros mismos. Diego lo sabe y por eso, además de ser un capo en lo suyo, se ocupa de alimentar su alma con sus otros placeres personales. “Me gusta mucho el arte, el buen comer, viajar, los superhéroes, el deporte, la moda y las plantas. Hago natación y tenis”, cuenta, y admite que, además, adora mirar series, algo que comparte en familia los fines de semana: “Ahora estamos con la nueva temporada de Game of Thrones, Silicon Valley, Wayward Pines, Daredevil y Gotham. A eso le sumamos The Flash, Arrow y DC’s Legends of Tomorrow, que miramos con los chicos”.


 

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Esteta por naturaleza, su casa lo describe, lo desenmascara, lo representa y por eso, si algo queda claro, es que Diego y su familia saben apreciar el arte y en particular, el pop. “Nos encanta el arte. Todo empezó en un Gallery Nights hace unos 15 años cuando compramos un cuadro de Claudio Roncoli. Después, empezamos a recorrer galerías –como Braga Menéndez y SlyZmud–, ferias, subastas o tratábamos directo con artistas. Nos gusta mucho el pop, tanto de la época del Di Tella como de los artistas actuales como Cynthia Cohen y Ricky Crespo, por ejemplo. También nos enganchamos con el street art. Hace poco pintamos el sótano con Guille Pachelo. Nos gusta la neofiguración, como Deira, De la Vega, Noe y Maccio, pero por ahora tenemos cuadros de dos de ellos. ¡Ah! Y también el arte óptico. De todos esos estilos se compone nuestra colección”.


 

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Papá de Sol, de 12, y de Lucas, de 10, Diego trata de acompañarlos en todo lo que puede. Aun con un trabajo de tanta responsabilidad y tan demandante como el suyo, busca el tiempo para brindarles todo su cariño, estar cerca de ellos y charlar de sus inquietudes. “La verdad que es muy fácil ser padre de ellos; Luqui y Sol son lo máximo. Son parecidos, pero muy diferentes. Trato de apoyarlos y pasar lindos momentos con ellos. Creo que soy buen padre, al menos, me lo dicen o me lo hacen creer”. Nati, su mujer, de 42 años, es ingeniera y Diego dice que sabe organizar todo. Desde su trabajo free lance, llevar a los chicos a todos lados, ayudarlos en el colegio y hasta crearse un tiempo personal para su pasión: pintar. “Es creativa, le gusta la pilcha, los buenos restaurantes y se encarga de los chicos como nadie. Así son las mujeres, dicen, pero Nati es especial”, cuenta.


 

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Y en su familia, la base para educar a los chicos es el no tener ninguna clave. Diego piensa que cada chico es diferente y que cada padre también lo es y, desde esa individualidad, es que no concibe fórmulas, recetas ni manuales para criarlos. Dejarse sorprender a diario, ver cómo progresan en sus estudios, cultivan amistades y surgen sus curiosidades es la manera de cuidarlos de cerca, admite. “En casa ponemos pocos límites, los chicos se portan 100 puntos. A veces hay que marcar la cancha, pero rápidamente aprenden las reglas. Hay que hablar mucho y respetarlos. Vamos a ver qué pasa en la adolescencia, pero, por ahora, viene muy tranqui”, reflexiona.


 

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Si tiene que proyectar y tratar de imaginar el futuro de los pequeños, sin dudar y ante todo, le gustaría que fueran felices. Que formen familias y que tengan hijos. Eso es lo más importante. “Me encantaría que sigan una carrera universitaria, ya que tendrán más herramientas para sus trabajos, de economistas, de ingenieros, doctores, diseñadores o de artistas, pero si no quieren estudiar y son felices, eso me basta”.


Por: Sabrina López Rodríguez – Fotos: Victoria M. Schiopetto

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